Experiencia de Carmen y Sara como SVE en Turquía

¡Hola! Somos Carmen y Sara, venimos de Málaga y, no sabemos cómo, hemos caído rendidas a los pies de Turquía, totalmente enamoradas.  Nunca antes pensamos en dedicarnos al trabajo social o al voluntariado, pero ahora nos planteamos seguir indagando en el programa Erasmus + como trainners o tutoras. Pero… ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Bien, todo comenzó en enero, cuando Sara se acababa de graduar en Fisioterapia y Carmen había terminado un proyecto de traducción. Un día tonto, cervecitas mediante, surgió entre nosotras la idea de hacer un SVE. Solo una semana después ya estábamos buscando un vuelo hacia Sivas y tratando de convencer a nuestra familia y amigos de que era una gran oportunidad para nosotras, que no iba a pasar nada malo. Aunque ambas, sobre todo Carmen, estábamos algo asustadas por el clima de inestabilidad política que existe actualmente en Turquía, por la posibilidad de un ataque terrorista en nuestra ciudad.

En cualquier caso, tratamos de superar nuestros miedos, en cierto punto irracionales, y compramos los billetes, aun cuando nuestras familias y amigos no nos apoyaban completamente. Así, llegamos a Kayseri el 13 de febrero a la medianoche, y Turan y Ömer, dos maravillosos voluntarios de nuestra asociación, vinieron desde Sivas (a tres horas de coche) para recogernos. Aquel fue el primer signo de la inmensa hospitalidad que caracteriza a los turcos y que estábamos a punto de descubrir.

Piso nuevo, teléfono nuevo, nuevo lugar de trabajo. Lo primero que se nos vino a la mente cuando entramos a Sivas Gelisim Gençlik ve Spor Kulubü Derneği fue «Pero… ¿Esto es una asociación o una casa enorme?». Y es que tenía todo lo que un chaval podría desear: sofás, cocina totalmente amueblada, ordenadores, wifi, televisores, gimnasio y un aula increíble para montar en ella todas las clases y talleres que se nos pudieran ocurrir.

Incluso con esa ilusión, necesitamos algún tiempo para acostumbrarnos al lugar, a la gente, a la lengua, así que tuvimos una primera semana libre y comenzamos con las actividades durante la segunda. Para el apoyo lingüístico tratamos de encontrar un profesor profesional, pero, al resultar imposible, una de las voluntarias, Ayfer, se ofreció para enseñarnos nociones básicas de turco. Ne kadar (¿cuánto cuesta?), öğrenciyim (soy estudiante), indirim (descuento)… el turco mínimo para sobrevivir en el mercado y en las tiendas de una ciudad donde solo unos pocos hablan inglés (español ni digamos). Y esa fue una de las principales razones por las que empezamos a sentir una conexión emocional aún más fuerte con el inglés: cuando te encuentras rodeada de una lengua de la que no tienes ni idea, tu primera lengua extranjera se convierte en tu única herramienta (¡junto al lenguaje gestual! ¡bendito Time’s up!) para hacer amigos, pedir ayuda, desahogarte con alguien.

Así que, como mencionábamos antes, fue durante la segunda semana cuando empezamos con las clases de español  e inglés. Una de nosotras había hecho un curso en Madrid sobre ELE, por lo que aquellas clases se convirtieron en la oportunidad perfecta para poner en práctica el enfoque inductivo. También nos encargábamos de coordinar algunos clubes de conversación en inglés (speaking clubs) sobre temas sociales: cultura española, igualdad de género y feminismo, LGTB… además de organizar algunas actividades de difusión del programa Erasmus +.

A pesar de todo el tiempo que necesitábamos para preparar esas actividades, también lo tuvimos para viajar y conocer mejor Turquía. Nuestro primer viaje fue a Adana, con la idea de encontrarnos con un amigo turco que una de nosotras conoció en un curso de formación en Bucarest. Al principio fue bastante chocante: ir a Adana implicaba estar a solo tres horas de Alepo; aun así, fue una experiencia estupenda. Nuestro segundo viaje fue a Capadocia, con un tour organizado por la Universidad… ¡Increíble! También viajamos a Esmirna, donde nos alojó la amiga de un voluntario de nuestra asociación. Nos dejó atónitas la capacidad de Nihal para abrirnos su casa y prepararnos ese maravilloso desayuno turco, una de las cosas más valiosas que nos llevamos de vuelta a España. Nuestro mollete con zumo de naranja y café se queda en «ná y menos» al lado de lo que preparan los turcos, ¡en serio! Unas semanas después, fuimos a Antalya para una formación a la llegada. Nos hubiese gustado hacerla al inicio de nuestro SVE, aunque igualmente llegamos con las pilas cargadísimas para continuar indagando en el programa Erasmus +: la filosofía de «aprender a aprender», seguir descubriendo otras culturas y lenguas, sentirnos parte de la sociedad al pertenecer a un proyecto social.

Ahora, pensando en volver a casa, estamos asustadas, aterradas, imaginándonos a nosotras mismas encendiendo el televisor en Málaga, con la esperanza de no oír ninguna noticia sobre Turquía. Ahora, que tenemos gente aquí que nos importa tanto, seninle bulustuktan sonra, kalbimin bir bölümü Türkiye’de kalir, y todo lo concerniente a Turquía, también nos concierne a nosotras. Aunque no siempre estuviésemos de acuerdo respecto a ciertos valores y formas de pensar. En este SVE hemos empezado a aprender a respetar una idea a pesar de no estar de acuerdo con ella, únicamente porque esa idea forma parte de la idiosincrasia de nuestros amigos y de su identidad.

Para concluir, solo nos gustaría añadir que vivir en el extranjero es absolutamente adictivo y que nos encantaría seguir formando parte de este increíble programa, pues nada es perfecto, tampoco el Erasmus +, y queremos aportar nuestro granito de arena.

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